(Edit. Plaza & Janés Bogotá l.992)

37 historias míticas precolombinas en tierras de Muiscas, Calimas, Tolimas, Motilones, Panches, y otras tierras del territorio que hoy es Colombia. Rescate de nuestras raíces, para que los niños de 7 a 77 las lean y relean y encuentren el orgullo de su identidad. Esta literaturización de la mítica permite penetrar en los terrenos de los ancestros y recorrer de la mano de la autora el periplo de su vida y rastros.

(Fragmento cuento)

Bachué

mitos y leyendasBachué, la madre Muisca salió de la Laguna de Iguaque, una madrugada, llevando un niño en los brazos.

Era una bella mujer, cubierta solamente por una túnica de pelo negro, que le arrastraba.

Apareció lustrosa, recién escurrida del lago. Una madrediagua morena, garbosa, de senos redondos, firmes, cobrizos, terminados en puntas más oscuras.

Caminaba afirmando las piernas ágiles. Venía de nadar tanto, que se le formaron pantorrillas de hoja de palma, y muslos fuertes.

En los brazos, la criatura también viringa.

Bachué se instaló entre los Muiscas; se ganó su confianza y su afecto. Les enseño normas para conservar la paz con sus vecinos y el orden entre las gentes de su cercado.

El niño creció y Bachué, encargada de poblar la tierra, empezó a ser fecundada por la criatura que había portado en sus brazos.

Los alumbramientos eran múltiples, como los de las conejas, como los de los cafuches, como los de las ratonas; en el primer parto se contaron mellizos, en el segundo trillizos, en el tercero cuádruples, en el cuarto quíntuples, y así hasta que consideró que su tarea reproductora sobre la tierra estaba cumplida.

En pocas edades recorrió muchos cercados y por todas partes dejó criaturas y enseñanzas.

Pasaba el tiempo y la mujer pobladora, no envejecía.

De pronto su cuerpo se destempló; los senos se le escurrieron; las piernas se le aflojaron; su cuello ya no era lozano; el rostro estaba poblado de arrugas; había un gran cansancio en su mirada.

Sin avisar, de improviso, como había llegado, se fue otra vez a la orilla de la Laguna de Iguaque, acompañada del mismo ser que le había traído. Se lanzó a las aguas.

Un gran bostezo del lago la devoró, convirtiéndola en serpiente, símbolo de inteligencia entre los chibchas.

Los nativos aseguraban que de vez en cuando veían a la culebra, asomar los ojitos brillantes a la superficie de las aguas vidriadas, en las noches de luna, cuando acudían a llevarle ofrendas.

Arrojaban adornos de oro, utensilios y copas doradas, en la seguridad de que ella estaba en el fondo de la laguna, recibiendo los regalos de buen corazón.

Al varón no le pusieron mayor atención. Ella quedo para siempre con el titulo de madre de la humanidad, fuente de toda vida. Y como venía del agua, los naturales comenzaron a adorar las lagunas y las ranitas, los renacuajos, las lagartijas, todo síntoma de vida que brotara de las aguas.

Fundieron en oro alfileres rematados en batracios, se colgaron al cuello dijes en forma de lagartos y divinizaron a las ranas, que en adelante serían el símbolo de la fertilidad.