(Edit. Diana, México, l.989)

Este libro recoge relatos inspirados en héroes legendarios, estos personajes bondadosos o malévolos que han trajinado la historia precolombina desde edades incontables.

Esta obra revela todo un mundo con personajes que desfilan por los escenarios de Uxmal, Chichén Itzá, Palenque, Mitla, Monte Albán, Tula, Tajín Tepoztlán, Cancún, Cozumel,

Tenochtitlan, Acapulco, contando jirones del pasado, enajenando la imaginación con fábulas, parábolas, aventuras, tragedias de las interminables peregrinaciones de los antepasados.

Es la visión aguda de una escritora colombiana sobre la mitología mexicana. Una recreación mágica.

 

(Fragmento cuento)

 

El ombligo de la Luna

ombligolunaY se fueron a buscar una tierra

En donde deberían conocer

Al que es noche y ciento

Al dueño del cerca y junto.

Fue el día del eclipse. Tan pronto llegó la luz, los cuatro sabios se dieron cuenta de que se les habían perdido los libros de la cuenta de los destinos, el de los anales, el del registro de los años y, por si fuera poco, hasta el libro de los sueños andaba refundido en la confusión que se formó en la oscuridad.

 Lo sabían muy bien, que ya no podrían contar con las luces de otros sabios, pues ya habían regresado, siguiendo la orden divina, hacia el Oriente, de manera que los cuatro ancianos, únicos habitantes de Tamoanchán, no tuvieran más remedio que sentarse pronto a reinventar los libros sagrados, a dejar escritas las normas de Quetzalcóatl, el dios barbado.

 Había pasado ya cuatro soles, los del agua, la tierra, el fuego y el viento. Había desaparecido los primeros hombres, armados de cenizas, ahogados por las aguas violentas y convertidos en peces.