cuevaEs un relato para juventud que lleva de la mano al lector en un estilo vivo y agradable, fresco y conciso a seguir los pasos de los 8 piratas más conocidos que vinieron al Caribe. Mayra, la niña curiosa de los secretos del mar, quiere desentrañar el misterio de La Cueva de Los Piratas, situada en una isla caribeña.

El barquero Argemiro la lleva día a día a esta misteriosa Cueva en donde ella sueña con piratas inolvidables como Drake, Barba Negra, Anna Bonny, Sir Walter Raleigh, Morgan, María Read,

Pointis, Florin y Baal quienes le cuentan historias míticas de los parajes en donde han estado, cazando tesoros para sus soberanos.

Es así como se desgranan fantásticos cuentos míticos americanos: Travesuras del Chopo en Paitití, El Tesoro del Zipa, La India Catalina, Las canastillas de Solsofique, Hunsahúa y otros. Es una loa al precioso Mar Caribe, a sus mitos y leyendas, que encantará a grandes y chicos.

 

(Fragmento cuento)

 

Sir Francis Drake y Eldorado

Mayra atrapó la última rata, para la cena con el padre, después de cuarenta días de sitio, ya con la piel pegada al espinazo y su memoria se detuvo en el instante eterno de su vida cuando vio el primer pirata, escondiendo su tesoro en La Cueva de los Encantamientos.

 Tendría apenas 5 años y andaba cojeando a causa de una maldita raya que le había taladrado el pie izquierdo. Alejandrina, la abuela que cuidaba a la niña huérfana, le había prohibido los paseos a La Cueva Encantada,  en el islote vecino que abanicaban una docena de cocoteros y guardaba en su corazón una caverna en donde los isleños aseguraban que los piratas llegaban a esconder sus tesoros.

 Pero entre mas la mamá señora le prohibía, mas la niña se las ingeniaba para convencer a Argelino el viejo barquero de cabellos nevados de que la llevara a remo a explorar la pequeña mancha hebilla viva, enclavada en el mar esmeraldino, dominio edades atrás, de sus ancestros, los Caribes.

  Arge, quizá el tesoro sea para nosotros. Dicen que a los niños se les aparecen las guacas, porque ellos no son ambiciosos…

- Si, niña Mayra. Yo la llevaré mañana al amanecer para que atrape caracoles, cangrejos y pescaditos y mire esa cueva que tanto la  seduce...... Puede que nos hayan dejado nuestra parte los tales piratas, de pata de palo, pañuelo anudado en la cabeza, fuertes, valientes, peleadores, dispuestos a llevarse todo el oro del mundo para sus países por allá en el Viejo Mundo.....

 

(Fragmento cuento)

 

Andrea Descubriendo el Mundo

(UNEDA, 2000)

...Aquel miércoles de Pascua, ya agonizando el día y la noche clara invadiéndolo todo, comenzó a descubrir de veras la naturaleza salvaje. Puso sus pies desnudos en el jardín, con pasto alto y luego se dejó llevar por el vaivén de la hamaca. Pero su curiosidad la llevó a resbalarse del chinchorro de rayas de colores, para correr de nuevo hacia el columpio. Vamos, vamos. - me indicó extendiendo el brazo para que la acompañara a balancearse.

En el borde del sardinel vio trasegar a las hormigas arrieras, cargadas de hojitas. Las miró con embeleso; curiosa siguió la ruta de las destrozonas trabajadoras infatigables. No se le ocurrió destriparlas, pero saltaba sobre la brecha para no entorpecer la caminata y quizá para esquivar el piquete.

Los pajaritos trasnochadores aún cantaban alegres melodías en el kiosco de guayacanes amarillentos y techo de palmicha bien tramada: Mía, un pío..

- Sí, un pío, que tiene allí su nido -le respondí señalándole la cúpula que apuntaba al cielo despejado, iluminado por una luna llena que alcanzaba a alumbrar todo el valle del Río Magdalena.

-Mía, el pío, con gusanito...

-Sí, está llevándole alimento a sus hijitos. Es un pechiamarillo.

Regresó de nuevo a la hamaca, su gran delirio y con los ojos verdosos bien abiertos, cercados por una mata de tupidas pestañas negras, miró largo al firmamento: Las estellas, míalas...míalas

- Sí esta noche hay muchas estrellas. Vamos a contarlas...

-Son mías.....

-Sí, tuyas y de tus hermanitos, de todos...

-Más estellas, ota estella, ....,míalas -continuó señalando con el dedo índice, pequeñito, tierno, regordete, como los dedos de los niños que más que una señal son un poema.