2003lunas1Con la plataforma de 40 años de investigación, Flor Romero, comienza con este Volumen 1 la publicación de la Antología del Cuento Mítico Americano, con relatos sobre mitos, ritos y leyendas de América. El despertar del Mundo, Bochica, Bachué, Goranchacha, Tomagata el Cruel, El Loco Amor de Guatavita, Más Allá de Zaruma, La Hormiguita Mata, La Ruta de Eldorado, Tóenz el Hijo del Trueno, Huitaca, Baudó, integran este libro dedicado a los niños de América.

Flor Romeo ha literaturizado la mítica precolombina con el propósito de dar a conocer a las nuevas y futuras generaciones el orgullo de sus raíces. Porque es allí en toda esa fabulosa, variada y riquísima mitología, donde empieza a crecer aceptando el desafío de su autenticidad, el verdadero ser de nuestra América. (Edit. UNEDA)

 

(Fragmento cuento)

 

BOCHICA

Bochica, el Regio Manto de Luz, apareció montado en el arco iris, por donde nace el sol. Nuestros antepasados apenas empezaban a organizar su vida, ensayando subsistir con las cosechas de maíz y papa. Oraban para que la gran Laguna de Iguaque bajara de nivel y les dejara más tierras libres para cultivar.

Cazaban tinajos, armadillos, dantas, con cerbatanas y flechas. Pescaban bagres y capitanes en los grandes lagos como aquel de Iraca.

El anciano de luenga barba alba, cabellera abundante que le caía hasta la cintura, sujeta por una diadema, recorrió los cercados cabalgando una llama. La figura del forastero era casi etérea: alto, cubierto con una túnica blanca, que anudaba al hombro izquierdo con broche de oro. Portaba un bordón y caminaba descalzo. En el rostro, gestos bondadosos y una sombra de paz velaba sus ojos grises.

Tan pronto llegó se hizo a la amistad y al cariño de los muiscas, de sus caciques y de los súbditos. Se dedicó a enseñarles sistemas más productivos para cultivar la tierra, cómo hilar, tejer y pintar las mantas de algodón.

 Les indicó cómo trabajar la corteza de los árboles. Ensayó la alfarería en los chircales, transmitiendoles el arte de hacer ollas de barro, vasijas, utensilios, que luego cocerían al sol y pintarían con anilinas de la tierra y de los frutos.

Pero no solamente los entrenó en el manejo de la naturaleza. Les enseñó normas para gobernar.

Les dejó un código moral, en el cual se contemplaban la caridad, el respeto de lo ajeno, la reverencia a los ancianos, la obediencia a los mandatarios, y la importancia de la verdad. Todo un código social que les permitiría vivir dentro de la mayor armonía.