2003lunas4Qetzal-coátl, el de la barba de ardilla, Volumen 4 de la antología de cuentos míticos americanos  Dos Mil Tres Lunas de Flor Romero, recoge preciosos relatos de Colombia, México, Estados Unidos, Canadá, Cuba, Perú y sus alrededores.

Son historias del continente americano, sobre héroes, leyendas, mitos y ritos, llenos de figuras alucinantes, de personajes que han permanecido en el inconsciente colectivo, en el tiempo antes del tiempo narrados con fluidez y maestría. Entre ellas figuran: Quetzal-coátl el de la barba de ardilla, Al principio era así, Los atrapapesadillas, Esmeralda la reina de los Muzos, Albahoa y Yumurí, Machu-Picchu y el elba del Incario, La maldición del Jaibaná, Soratama, El gentil de los Mochicas, El equilibrio de la tierra en manos de los Mamos, Tagarcuna, El canto chamí al café, El mohán enamorado y Los últimos resplandores

del templo del Sol.

 

(Fragmento cuento)

 

EL MOHÁN ENAMORADO

A: Marina Tafur

Ensueño apresuró el paso, cuando escuchó la lluvia de pedraditas a su espalda. Al llegar a la esquina de Arrancaplumas se atrevió a volver la mirada, pero no vio nada. Apenas notó el temblor de las hojas de matarratón, al vaivén del viento insolente. Contuvo las faldas con las dos manos y decidió correr hacia la casita de la madre Pascuala.

Llegó con la voz entrecortada. El corazón le daba saltos. No sabía si referirse a los ruidos o callarse. Finalmente se animó.

- Mamá, creo que me venían persiguiendo.

-¿Quien, niña?

- No sé, no lo pude ver, pero lo sentí.

- No le entiendo. ¿Era una persona, un animal, o un pájaro?

- Ninguno de los tres, porque tan solo sentí las pedraditas. Creo que una me cayó en la espalda.

- Inventos suyos, mijita -concluyó terminante Pascuala a tiempo que le servía la taza usual de chocolate con queso para que aliviara las fatigas de la escuela.

La niña apenas probó la jícara. La colocó sobre la mesa rústica de madera y corrió a mecerse en la hamaca.

Apenas comenzaba a amainar la tempestad del corazón, cuando creyó recibir en el manojo de cabellos negros otra pedradita.

- Mamá Pascuala, repare qué tengo en la cabeza.

La mujer abrió tamaños ojos y corrió a separarle los gadejos de pelo para ver si encontraba alguna señal.

- Mija, son puras ideas. Habrá que llevarla donde el yerbatero para que le de un remedio para las lombrices y el cerebro. O donde el rezandero, para que le saque los fantasmas de la mente. Me doy cuenta de que está desvariando.

- Le juro mamá. Sentí como si me hubiera caído algo entre el pelo.

Pascuala la abanicó con la sopladera de palma trenzada.

- Debe ser el calor que la tiene achajuanada mi niña.