2003lunas5El gran festín del cóndor de los Andes, Volumen 5 de la antología de cuentos míticos americanos  Dos Mil Tres Lunas de Flor Romero, contiene alucinantes relatos de Colombia, México, Estados Unidos, Uruguay, Canadá, Cuba, Perú, Costa Rica, Paraguay y sus alrededores.

Mitos, ritos, leyendas, cosmogonías, héroes, personajes, se atropellan en estos relatos mágicos, que se han transmitido de generación en generación y que son nuestra historia antigua, aquella de los ancestros. Aquí están los cuentos de La Reina de la Paz, de los Estados Unidos de Norteamérica, El Gran Festín del Cóndor de Los Andes, que cobija nuestra zona andina, Cantos Ojiwe del Canadá, El Señor de Sipán, Chispas de estrellas sobre el Paraná, La Turumana en busca del hijo perdido, Por el yunque corre Toa, El Tajín allí donde el tiempo no tiene edad, Al filo de la Ciudad Perdida, Los Encajes de Nandutí, Izarú, El Carnaval del perdón de los Ingas, Wanilí y El baile erótico de los falotas.

Los cuentos míticos son la puerta de entrada dentro de nuestra mente a un mundo que está oculto dentro de nosotros.

 

(Fragmento cuento)

 

CANTOS OJIBWEE EN LOS ANDES

Los músicos Ojibwee volaron desde las montañas canadienses cercanas a Ontario para aterrizar en la planicie andina de la Sabana de Bogotá, esplendorosa de verdes, para recordarles a los colombianos que sus ancestros amaban la música y la danza, y que aún se comunican con ellos por medio de los sonidos acordes, la danza ritual y las palabras que encierran mensajes plenos de sabiduría de comportamientos éticos respecto a las relaciones humanas y a sus relaciones con la naturaleza.

Mediante la música ellos invocan, construyen y se comunican con la madre tierra, en su propio lenguaje ojibwee, que han conservado a través del tiempo y aún usan para entenderse entre sí.

La multitud rugiente, presente en el teatro al aire libre de La Media Torta siguió paso a paso el ceremonial del danzante mayor, quien preparó y bendijo el terreno para que el resto del grupo pudiera celebrar el Pow Wow, ritual de saltos, contorsiones y meneos, que imita el vuelo errabundo de una mariposa, para celebrar el milagro de la vida, para honrar a la naturaleza, que es nuestra madre, y con la cual debemos tener las mejores relaciones si es que queremos sobrevivir largo tiempo.

Ataviada con su traje cascabel, la mujer sana mediante la danza. En ese momento está ejerciendo de shaman o curandera. Así la aplaudieron los aborígenes de la tierra reunidos allí, llegados del Amazonas, del Orinoco, del Atrato, del Sinú, de Jardín, Antioquia, del Catatumbo, y de muy c erca, de los resguardos muiscas.