2003lunas616 cuentos ecológicos han sido reunidos en este volumen 6 de la antología de cuentos míticos americanos  Dos Mil Tres Lunas de Flor Romero, fruto de más de 40 años de investigación en tierras americanas. El culto a la naturaleza por parte de nuestros antepasados es evidente en relatos como Los Guardianes de Universo, en tierras de los koguy. El festival de las plantas brujas, situado en predios del Amazonas; La laguna encantada de Iguaque, adoratorio de los muiscas.

Es ancestral el respeto y adoración por el agua, el viento, el sol, la luna, las plantas, los animales, por parte de los aborígenes. Gracias a la conservación que ellos dieron a estos elementos que forman parte de nuestra vida, hoy tenemos aún reservas hídricas, bosques y tesoros enmarcados en la biodiversidad.

 

(Fragmento cuento)

 

EL FESTIVAL DE LAS PLANTAS BRUJAS

Fue así como se celebró la Fiesta de Las Plantas Brujas, que nadie en la selva amazónica había visto antes.

Corría el mes de marzo, y en un claro de la manigua lograron organizar el festejo, después de convocar a las tribus de cerca y de lejos por medio del correo de la jungla a golpes de tambor.

Esbeltas palmas de chontaduro, erizadas de espinas y salpicadas de pepitas rojas y amarillentas enmarcaban el escenario. Las hojas se despeinaron; palmotearon la canción del Amazonas que contaba cómo de su cuenca brota la quinta parte del agua dulce del mundo y cómo su flora es la más diversa de la tierra, mientras las flores milagrosas, desde las Victorias Regias, hasta las orquídeas remolonas rieron mimosas, celebrando sus prodigios y encantamientos.

Buscaron un sitio equidistante de las regiones amadas por sus ancestros –que según los más ancianos habían llegado desde las estrellas, a instalarse allí a orillas del río Vaupés, junto al Jirijerimo y de otros raudales que para ellos significan herraduras, murallas, saltos de vida, sin descuidar las rocas vidriosas que encierran moradas de El Espíritu de la Selva, de El Señor de Los Peces, de los inasibles vengadores que aparecen por ahí en los repechos insospechados.

Divisaban la Sierra de La Macarena, y veían muy nítidos los grabados de animales prehistóricos que en los piedrones milenarios habían diseñado los antepasados. Era algo así como una escritura, antes de la escritura.