“Al lector de Triquitraques del Trópico, estos cuentos le recordarán sin duda los caminos de Calamoima. Escritos con anterioridad a la novela, permiten hoy situarlos más exactamente dentro de una visión del conjunto de la obra novelesca de Flor Romero, testimoniando facetas múltiples de su talento y de su maestría en un género difícil entre todos.

De factura muy diferente, las técnicas narrativas varían de un cuento al otro, peo en realidad están amasados con los mismos materiales y todos hablan de la vida en su crudeza cotidiana. Por la estilización de lo real y a través de su contenido anecdótico, la autora nos hace penetrar en un mundo con frecuencia sin compasión y en el juego sutil entre su subjetividad discreta y la objetividad del sujeto, nace un sentimiento de violencia en el cual la expresión es tanto más patética cuanto más sobria.

Diferencia en la utilización hecha por la autora del tiempo novelesco; ciertos relatos se inscriben en una duración muy circunscrita aparentando cuadros de costumbres como ¨Erase que se era…un culebrero de carrera que recrea en la vivacidad iridiscente de la atmósfera de una feria de pueblo con su charlatán, encantador de serpientes cuya labia retiene y sacude a las gentes. Otros siguen una cronología paralela a la lineal del relato y se desarrollan en un tiempo más o menos largo, mientras que en “Una guaca para Antonia” el regreso al pasado está encajado en un instante, aquel en que Antonia tira lentamente el balde del pozo.

Relatos, entonces, aparentemente muy diferentes; pero no se puede decir de ellos que son sobretodo “cuentos de atmósfera

Lo esencial que es la vida en su cotidiana dificultad. Los personajes sueñan en una suerte mejor.

Hay entonces una novedad en la cual la ilusión se vuelve realidad y uno puede entonces soñar sobre el título “Sueños de paz”, relato feliz como un cuento de hadas; es la aventura de tres niños pobres.

Las anotaciones esparcidas, los fragmentos de diálogos, expresan la dificultad de vivir, la miseria. Los héroes de estos cuentos, son con frecuencia, campesinos pobres, que aguantan el rigor de su existencia y los acontecimientos con una resignación total..

A esta ausencia de rebeldía, a esta cruel realidad, cuotidiana, responde la sobriedad de la narración, manejada con firmeza, rehusando los recursos fáciles de la compasión y dejando al lector como único juez de su emoción.

Diferente a esos seres golpeados por la vida, es Carmela, heroína de “La teniente Cartamarcada”. Carmela no se resigna a la violencia que le hacen; ella empuña las armas y es detenida; declara a la mujer joven, que es su juez: “Y juro que si cuando recobre mi libertad, y vuelva a mi campo, alguien atentare de nuevo contra nuestras vidas, nuestros hombres, nuestros caballos, nuestras tierras y nuestros ranchos, volveré a luchar”.

. Es en Calamoima donde se desarrolla el cuento Los vientos de la violencia, donde viven dos viejos veteranos, nostálgicos de la Guerra de Los Mil Días. Interminablemente día tras día se cuentan los mismos cuentos: “eran otros tiempos…”, su tiempo está en el pasado, y el viejo Don Ángel no tiene más que un deseo: ser enterrado en la tierra de Calamoima. Fin cruel, muy próximo “a esas pequeñas ironías de la vida” de Thomas Hardy, como es cruel e irónico el fin del encantador de serpientes, experto en remedios para las enfermedades y la mala suerte y muere asfixiado enlazado por su serpiente. Ironía de la vida y humor de la autora que mezcla en la escritura de todos los cuentos revelando esta “subjetividad” discreta de la cual hablamos atrás.

Humor incisivo, en “Cenizas y espinas para su existencia” Humor divertido más indulgente en “Magia para Pericles”, ya sea en la descripción del antro de la bruja o en el final del relato.

Humor tierno en la mirada que la autora posa sobre Lucía, personaje central del cuento “Lucía, la señorita Maestra” prosiguiendo resuelta y corajuda el camino que ella ha escogido. Lucía, otro rostro de mujer de relieve singular en el compendio de cuentos donde las heroínas femeninas tienen una importancia especial.

Habría que decir además, cómo más allá de la simple trama anecdótica, la autora ha sabido enfocar la vida cotidiana con sus amarguras, sus supersticiones, sus dichas efímeras y sus esperanzas fallidas.

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                                                                                               Jacqueline Baldrin

                                                                                               Paris, Abril de l.978

*Profesora de Literatura General y Comparada de la 

Universidad de La Sorbonne Nouvelle, Paris III