Cuentos Mitológicos de América, es el título del álbum de cuentos míticos de la escritora colombiana Flor Romero que acaba de editar Testimonio en Madrid, (España) con dibujos  del pintor y editor Cesar Olmos (ganador de la Bienal de Venecia).

Es un libro, en el cual aparecen cuentos míticos de  México, Chile, Argentina, Colombia, Perú, Costa Rica, Panamá, y Brasil, para finalizar con un retrato homenaje a Gabriel García Márquez.

Estos cuentos  iconos, escritos a mano por la autora, son las génesis de nuestros antepasados habitantes del continente americano, mucho antes de la llegada de los conquistadores: Quetzalcóatl, La Rebelión de Los Mapuches, Génesis de los Tehuelches, Viracocha, El Dorado, Iztarú sobre los volcanes, Los Cunas y La Leyenda del Yurupari  (que recorre territorios de la selva amazónica concerniendo a Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia).

Este libro de lujo, Cuentos Mitológicos de América de Flor Romero es para mostrar con orgullo: (Table Book ),  con cubierta en negro a la que se asoma el primer dibujo de Cesar Olmos, para guardar las páginas en cartón blanco en donde aparecen los cuentos impresos en tinta negra, que ojalá estuviera en todas las bibliotecas americanas, pues son sello de  nuestra  identidad.

Fragmentos

…”todo allí era riqueza y abundancia. Las mazorcas de maíz se cosechaban tan grandes como el mango del mortero de moler. El algodón nacía teñido de colores. El oro corría por ríos y montañas. La tierra brotaba cacao, tomate y aguacates. Nunca los moradores de Yulacingo padecieron angustias. Los trabajos rendían más…”

“Los celos comenzaron a roer el corazón de los magos y se fraguó la   venganza.... (Leemos en Quetzalcóatl)

“El cacique Guatavita solía celebrar las fiestas de la Cosecha con un espléndido ritual en mitad de la Laguna Sagrada, arrojando ofrendas de oro y esmeraldas a sus dioses Muiscas: Xué (Sol) y Chía (Luna)”...

 

”Iba montado en una barca tejida con lazos dorados, acompañado por una comitiva de diez súbditos más el jeque de las premoniciones. Una malla de oro adornaba la barca real guarnecida por dos palmeras de cera en oro verdoso…” (El Dorado).