malintzin la princesaNingún personaje femenino americano ha ocupado sitio más importante en la epopeya de la conquista, que Malintzin, la princesa regalada a Cortés en Cempoala.

Inteligente, bella, audaz, pasional, Malintzin -conocida como Malinche, o Doña Marina según la bautizó el conquistador- de alto linaje, se convierte en la consejera, intérprete, compañera y pareja del conquistador español Hernán Cortés. Ella es la síntesis de la nueva raza americana.

Después de Colón, es quizá el personaje que más polémica ha despertado en la epopeya americana. Vilipendiada y odiada por unos, hasta ser calificada como traidora; amada y reivindicada por otros como la nativa talentosa que supo tomar en sus manos su destino y el de su pueblo, Malintzin ofrece una historia apasionante y apasionada.

Sobre el telón de fondo de la conquista mexicana se desarrolla la historia de amor de Malintzin, enamorada de Cortes, doblemente su dios espiritual y físico. Nunca antes había sido visto el personaje desde este punto de vista.

Es otra óptica la que nos presenta Flor Romero la escritora colombiana -internacional, traducida a varios idiomas-, en una parábola original, que nos lleva a unir el presente con el pasado. El personaje, esta mujer símbolo de la nueva raza mestiza, es recuperada de un pasado cercano, para echar un vistazo a la historia contemporánea. Ella, ve desde lejos, algo que desde cerca no se podía apreciar, precisamente por eso, por estar entre el meollo de la cuestión.

Flor Romero sale del marco convencional, para revisar la imagen que de su figura, su mito, su espíritu, su pensamiento, guardan los americanos, hoy.

Es ante todo una novela americana, sin fronteras y sin suelo propio; es la visión de Flor Romero, apasionada y apasionante escritora americana sobre un hecho trascendental de nuestra historia.

Flor Romero nos relata un pasado que está presente en la epopeya amorosa de una mujer fiel a sus ideales, a su corazón profundo y a la razón. Malintzin -conocida como Malinche- toma estatura en esta novela, a través de las peripecias noveladas que al autora que ha visto en la princesa indígena mexicana un perfil remarcable de la indígena llena de inteligencia, sensibilidad y estremecimientos, con la dimensión que solo los trazos de la pluma de una mujer pueden dar al corazón profundo de otra mujer.

Y como el azar ha hecho que las dos mujeres, tanto el personaje central de la novela "Malintzin la princesa regalada" como la escritora, Flor Romero, sean americanas, se logra un relato estremecedor, lleno de vivencias y fantasías, que convierten a los lectores en personajes hechizados por la figura de Malintin, la princesa de Olutla y Jaltipa.

Flor Romero, fiel a su gusto por los temas precolombinos, ha rescatado esta princesa indígena mexicana, con los elementos mágicos de lo insondable, sepultada en la noche americana, en el tiempo y en el ahora estremecedor. Hay amores, odios, traiciones, historias míticas, en el recorrido que Flor hace desde Cempoala hasta Tenochtitlan, de la mano de Malintzin, a veces al pie del conquistador Cortes, en otras, junto al Emperador Moctecuhzoma, frente a su rival, la Marcayda, esposa de Cortes; más tarde, del brazo de su marido Juan Jaramillo (alcalde de México), y de sus dos hijos, Martín el primogénito, fruto de su amor desesperado por Hernán Cortes y María, la pequeña hija de su unión con Juan Jaramillo.

Por esta novela desfilan los episodios centrales de la epopeya de la conquista de México, y los personajes que trajinaron aquellos días aciagos: la noche negra, las masacres, las peripecias, los momentos de triunfo y los desastres. Malintzin, es resucitada por la autora, la hace caminar en la México contemporánea, y cuestiona la historia oficial. La heroína echa un vistazo a la visión que de su personalidad han impreso los enciclopedistas, recorre plazas y calles, para constatar que mucho y poco ha cambiado desde la época en que vivió en Coyoacán. Su nombre en todo caso figura en mil figuras disímiles.

Al final de la novela, Malintzin dice "Me parece estar soñando..... La ciudad semeja un hormiguero. Las gentes de los campos acuden a la Gran Tenochtitlan, hoy Ciudad de México a buscar un mejor vivir. Duermen y despiertan apiñuscados la mayoría, (confortablemente algunos pocos). Ya llegan a los 2O millones.... De razón que me cuesta trabajo rastrear los sitios en donde pasé las horas de mi primera vida, la que me marcó y la que marcaría a mis compatriotas. Porque ahora, soy una muchacha perdida entre la multitud que va de prisa, sin tiempo siquiera para mirar mis ojos enrojecidos y mis pies ampollados por unos malditos zapatos de tacón alto a los cuales no logro acostumbrarme."

 

(Fragmento)

 

Este mes de mayo agonizante de l.521 me ha traído grandes alegrías. La maternidad en ciernes me estremece de felicidad. Ser madre me enajena mucho más que verme al lado de los grandes. Traer un ser al mundo, formarlo dentro de mi cuerpo, guiarlo luego, soltarlo por los caminos de la vida me hace sentir alta del suelo. Tengo una sensación de plenitud que antes no me había acompañado. Algo de mis entrañas voy a dar a mi pueblo, a mi terruño. La ilusión que ronda mis días es muy grande. A veces me parece que es mentira este milagro de ser dos. Por fin tengo algo mío.

La única tristeza que mi corazón alberga y es bien secreta, es la muerte de Nezahualpilli, el profeta sabio, ponderado, que dominaba tantas ciencias. Es verdad que apenas lo conocí de lejos, pero se incrustó en mi corazón y en mi espíritu desde niña, cuando comencé a leer sus poesías. Hay personajes que apenas se presienten en lo físico, pero a quienes uno se lleva abusivamente a vivir con uno. Y este Nezahualpilli es uno de ellos. Repito de memoria sus versos; me calan sus loas a nuestros dioses, a la naturaleza. No es cierto que haya muerto, mi poeta profundo; solo te has ido por unas lunas, mientras los que te amamos te encontramos en sitio inviolable, a donde no lleguen ni la muerte, ni las maldades.

"Ya sus cascabeles está agitando el dios,

aquel por quien todo vive.

Acaba de conocer a Nonoalco y a Ahulizzapan

y a Atlacochtempan y a Atlixco

Es el rey Nezahualpilli.

Naciste en el país del canto. Ha nacido un dios.

En tu casa la aurora se entrelaza:

tus flores, tus cantos, son jades florecientes.

Abriendo está la corola.

Guerra hubo y pasó

dicha fue y victoria.

Ahora fragantes flores se esparcen; son tu palabra..."

Mi hijo nacerá el año entrante. Las bordadoras de Coyoacán alistan telas de algodón para el bebé. Mi cuerpo se ensancha para dar cabida al nuevo ser. Mis sayas sueltas no dejan adivinar que mi estómago se redondea. Porque tengo que seguir haciendo las traducciones a Hernán; debo arengar a mis hermanos para que las batallas cesen; para que el oleaje del choque no origine más desastres.

Me parece que el sol es más brillante ahora; las nubes parecen mas luminosas y me pintan mensajes secretos en el azul eterno de la bóveda celeste. Hasta la mente la tengo iluminada. Esta tarde he descubierto que el firmamento está incendiado de dicha. Como si de veras el quinto sol anunciara cambios en nuestras vidas, en nuestros pensamientos, en nuestra adoración.

Sobre todo, me tiene embelesada un parche gris sobrepuesto a los rojizos en llamarada que van sumiéndose tras el Popocatépet y el Ixtaxihuatl. Cómo cambia la visión de la vida, cuando el alma se envuelve en las gasas de la felicidad. Aprecio la naturaleza de otra manera; miro las gentes con más belleza y más ternura que antes. Mi estado me ha puesto eufórica. Mi rostro se ha abrillantado y mi mente se ha abierto como la corona de las flores amarillas. El corazón profundo es ahora inmenso.

Mi imaginación recita una y otra vez la escena de mi bautismo. Veo al fraile rociándome agua sobre la cabeza. Mi hijo también será bautizado con el nombre del padre de Hernán. ¡Retoñará otro Martín, en tierras mexicanas!

Tengo la impresión de que no soy la misma de antes. Algo me ha invadido, una fuerza que me pone a pensar en grande, que me hace sentir más segura de mí misma, orgullosa de mi ser, de mi pensamiento, de mis acciones. Es como si la tierra o el sol me hubieran penetrado, para darme ánimo, valor, orgullo, sentido de lo eterno, de lo inconmensurable, de lo profundo. Ahora me siento valiente, y pase lo que pase, no me dejaré apabullar por nada ni por nadie. Con una criatura en las entrañas me he crecido; soy invulnerable, impenetrable, inalcanzable. ¡Ay dios qué cosas se me ocurren en este estado de gracia!